En una tarde de martes de fines de febrero, un discreto Defensa y Justicia empató 0 a 0 contra su par de Platense, como visitante.
El partido arrancaba prometedor, pero a medida que fueron pasando los minutos la cosa se empezó a cerrar. Mucha fricción, mucha intensidad, mucho revoleo por todos lados, no hubo momento para hacer pie. Una cancha difícil.
Tuvimos las mejores situaciones, por no decir casi todas, pero la pelota no quiso entrar. Es fácil caerle a Soso, hay que esperar. Tendríamos que esperar, un poco más.
El equipo ha sumado en las últimas fechas, por lo menos un punto, y se mantiene a la expectativa.
Un amigo me dice: Cuando me pongo a pensar en cosas que me tranquilizan, lo primero que aparece es el Ferro de Griguol de los 90. Produce muchísima calma un equipo que lo único que pretendía era empatar, equilibrar las cosas infinitamente. Hasta para el Prode era un lugar seguro. ¿Cuánto empató Ferro? era una pregunta hermosa dentro del universo hermoso de las preguntas.
Cuando todo se desbordaba ahí estaba el Ferrocarril Oeste del pelado de Griguol que contenía, que era una certeza.
Hay quienes ganan y quienes pierden o al menos eso creen. Pero también hay quienes empatan, eligen equilibrar las cosas como si fueran viejos ciclistas de las emociones, de esos que se van hasta el parque Pereyra -vaya apellido- de taquito y vuelven.
Empatar es un lugar seguro cuando es de noche y hay que volver a casa, y en casa no te espera nadie. Acá los esperamos nosotros, una hinchada cuya característica principal ha sido el aguante.
Si ganamos de local todo se va a aclarar. Ya verán.
