En una noche primaveral, un desconcertante Defensa y Justicia perdió por dos a uno contra el vigente campeón Platense como local en Varela.
El partido había arrancado parejo, atractivo, la gente había asistido en un buen marco, alentando, que lindo es ir a la cancha, uno vuelve como al lugar de la infancia. Los equipos iban y venían, con una propuesta clara de ambos lados, control de pelota por el lado local, desborde por los costados del lado de la visita. Platense, tal vez, con poco dominio, apelando más a los contraataques, hasta que llegó el primero nuestro. Justicia.
En el momento en que sonaba Así fue, la canción adaptada de Juan Gabriel. Desborde por la derecha del siete bravo Osorio y definición del goleador Miritello, quién la mandó a guardar. Fiesta. Se empezó a mover la pelota bajo el ala del capitán Kevin Gutiérrez, de acá para allá. Todo era felicidad. Todo parecía a disposición para que el partido se abriera, se tranquilizara, pero no. Platense siguió jugando igual. Seco, compacto, un equipo sin estrellas. Nos fuimos al descanso con una ventaja que permitía pensar en cualquier cosa, inclusive en lo tan temido.
Y en el segundo tiempo pasó lo que más temíamos, elevado al cubo. Ni bien arrancó. En dos jugadas, en realidad tres, porque la tercera la anularon, Platense dio vuelta el partido, y casi que lo liquidó. Uno más gol que el otro, poco pudo hacer nuestro Beto ante semejantes voleos. Se quemaron los papeles, la línea de cinco, de tres, pasó a ser de dos. Hubo cambios, adentro Barbona, Chicho Stefanelli. Todos arriba, a empatarlo. Pero el empate no llegó. Ni tampoco algo más de Platense, parco en cuidar lo que estaba consiguiendo.
¿Quién no se quedó dormido alguna vez? ¿Estamos cansados? Juguemos. Ahora vienen los verdaderos cucos del torneo y va a haber que hacerles frente. No teman.
